…Me acerco al aula de  un tercero de primaria. Me recibe en la puerta un “pirata”, (palabra de honor; tiene cara y ademanes de …).El pirata, tiene fama de malo, atrevido, temerario, …; lo miro, y ¿ qué veo?, pues a un pequeñito e inmaduro niño, infantil, pícaro, con muy poco uso de razón … falto de afecto,…; así podría añadirle toda una retahíla de adjetivos negativos.
De este niño, y de otros similares  “oigo decir” que es un diablo, que lleva muy mala idea, no te fíes  de él… etc.

¡Pobrecito, pienso…. ¿quién quiere a éste?; ¿quién le ha dicho que es único, irrepetible, magnífico, apreciable….de gran valor, que lo ha hecho Dios y es, pues hijo suyo?

¡Qué de carencias tendrá, sobretodo afectivas, de cariño, de amor¡

¡Este es, para mí, el más importante de la clase: ¡ tú, a mi lado, de ayudante ¡

(Es como decirle, “para mí eres importante””).Y esto es, realmente lo que ha percibido: que lo valoras, lo aceptas, lo respetas y lo quieres…

Es fácil “demonizar”  a estos niños, aunque, por otro lado, seamos realistas, no son niños fáciles y es cierto que pueden desarrollar conductas inadecuadas: molestar y pegar a compañeros, llamar siempre la atención, contestar al profesor…).

¡Ojo¡. Creo que tenemos experiencia de sobra como para saber que, de manera muy fácil, podemos entrar en la vieja espiral : ante las conductas  citadas, se contesta normalmente con respuestas de tono negativo (regaño, castigos, apartarlo del grupo,…etc.)Y todas estas acciones son detonantes que aumentan su baja autoestima, su mala y debilitada imagen de si mismo,… Él las interpreta como que “no lo quieren, o que es malo, que no vale, y le vienen sentimientos de rabia, desolación, soledad,…..
¡Cómo no somos capaces de “ver” esto¡. Por favor, seamos buenos profesionales; hemos de tener ciertos conocimientos de psicología infantil, conocer estas edades. ¡Que llevamos ya muchos años con niños …!

¡Tan difícil es darse cuenta que estos niños y todos los niños necesitan ser tratados con la dignidad de personas ( que es lo que realmente son ) y  que hemos de alegrarnos al verlos – pienso que la infancia es algo maravilloso, un regalo de Dios- y  ¡QUERERLOS¡ ( con mayúscula ) y dirigirnos a ellos en tono POSITIVO, no de enfado, motivándolos y, también usando de la justicia para felicitar o indicar lo que no está bien hecho, premiar o castigar – pero sin rabia, sin animadversión ni manía -¡.
A la persona del niño, NUNCA, hemos de tenerle ni manía, ni ninguna actitud de tipo negativo ¡No podemos caer, aunque a veces lo podamos sentir, en esto.¡ Al niño, a su persona se le ha de respetar y querer, como hacen sus padres.

Hemos de distinguir el error que haya podido tener, qué es lo que ha hecho mal, o muy mal, y su persona. Su persona es algo muy serio y respetable y, si un “educador” no sabe separar estas dos cosas, es indicativo que no tiene verdadera vocación a la educación o enseñanza. Y no es un buen profesional, porque le faltan conocimientos de pedagogía general y de psicología de las edades o presenta una carencias de valores ( educar es transmitir valores, por lo que primero, se han de poseer ).

No es con las voces, la manía, la animadversión como podemos ayudar a los niños. Hemos de quererlos, contar con ellos, ir A LA PERSONA, respetarlos, motivarlos, pedirles disculpas si es preciso, alegrarnos de tenerlos,  (creo que es una ocasión privilegiada, puesta por Dios, para poder influir positivamente en ellos, a veces para toda la vida…).

Todo esto – hace poco lo leía –  lo dice un gran educador, San Juan Bosco; pero también lo dicen la mayoría de ilustres pedagogos como el Padre Manjón, D. Víctor García Hoz, Carme Aymerich, San José de Calasanz, María Montessori, Célestin Freinet, y un largo etcétera.

Este sería el auténtico trato personalizado; trato, tono y estrategia que se ha de iniciar desde la escuela infantil.

Hemos de dejar a un lado el trato impositivo, autoritario, de alto tono, de voces.

Creo que este no es el camino correcto; quizás, pienso, es el tono sereno y seguro, el respeto, la alegría de sentirse feliz y bien con uno mismo, no alzar demasiado el tono de voz y, sobretodo, sobretodo,…. ¡¡QUERERLOS¡¡

Pedro Pablo Vico

Colaborador de Familia y Educación

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